Piénsalo somos tu y yo, el ayer ya no importa, los años de
estudios no te da sabiduría, si no la conciencia y esta es la que arremete
contra el corazón. Piénsalo, como dijeron alguna vez, no quiero perder de vista
tus ojos esta noche.
A ver, se lo que puede ocurrir, no hablo de sexo ni de
besos, me refiero a esa sensación del sexo en puro estado, esa sensación de
corazón con corazón, de alma con alma y de ese conocimiento que sabes que
juntos forman la sonrisa más sincera que ha conocido el hombre, esa sonrisa de
paz y tranquilidad, esa sonrisa con la cual sabes que no la vas a perder,
jamás.
A lo mejor es así o a lo mejor pasa como siempre, como si
fueras un árbol de hoja perenne no notas el otoño, pero yo sí que me pudro y
cuando vuelvo a empezar tu ya estás en otro ciclo. Me gustaría parar y pensar
en el porqué, pero ya he borrado tantas
veces mi nombre que ya no lo recuerdo, he resistido tantos oleajes que solo la
misma ola me puede hacer reflotar. Paro y empiezo, pero ahora...ahora te irás?
-Esa era la duda que rondaba por mi laberinto. -dijo el
mirando el anochecer.
Cuando volvió la
vista, solo recibió una espalda como respuesta pero por su cabello color
amanecer mirando al cielo, el supo que lo había escuchado.
-Supongo que lo es todo, y no quiero saberlo, pero tranquilo
que la sonrisa esta esculpida en mi cara, por cada acto.-dijo ella con un tono
de paz.
-No sé lo que pasa con este desconcierto entre tú y yo, pero
a mí me encanta, al igual que esa sonrisa que ven mis ojos-dijo sonriente- es
como nuestro pequeño juego hasta el beso.
Y como si de una pesadilla se tratase volvieron a abrazarse
y se volvieron a encontrar sus corazones, primero el de él y luego el de ella.
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