Despertó sin saberlo,
bajo las alas negras de la noche, deseando que Grabiel la salvara. Con el
cuerno del Apocalipsis sonando a lo lejos, el Ragnarok era inminente, no lo
salvaría los ángeles de la antigua torre de Babel, ya derrumbada por la
confusión de lenguas. Solo veía destrucción desde sus ojos condenados por
Susano'o y la única luz que vislumbro fue la de Amateratsu que alejaba junto a
Helios en su carro. Mientras bajaba al Tartaro, Horus veía como Caronte le
arrancaba la moneda de sus ojos mientras admiraba las bellas alas negras que
iban creciendo poco a poco.
Nada la salvaría, ni limpiaría su alma un sepukku,
ni harakiri, tampoco la pluma de la verdad, ya que no seria para ella y ninguna
valquiria se le cruzo por el camino hacia la batalla. Ella amaneció con las
alas de la muerte.
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