He visto como el acantilado es capaz de romper la
tranquilidad del agua y esta ahogar a la tierra, convirtiendo la sequía en
fango. He corrido incesantemente entre los árboles para encontrar mi sitio,
olvidando que mi pies están rasgados por el follaje y las ramas que sin querer
caen al terreno dándole una despida al verde y dar su organismo a la
naturaleza.
Mi lógica me contradice, diciéndome que no se puede llorar
por sonreír, pero la experiencia se lleva la razón al enseñarme que, como
alguien dijo una vez, “no hay mayor profesor que el error, ni más dulzura de
quien sufre y luego cura su dolor”. Mis ojos han sido testigo de súper hombres
y mega mujeres, de niños pobres que son superhéroes, de soñadores cautos y de
realidades de insensatos. Realmente todo cambia como dijo Heráclito, puesto que
puedes ser tú sin ser uno mismo, o puede ser más bonito como la
caverna de Plantón, y terminar siendo el cuándo eres tú. Sigo sin entender cómo pueden haber incomprendidos,
porque la última silaba lo dice, tienen que ser dos, no uno. Oigo desgarros
atroces cada día que me levanto y camino viendo como otros se preocupan de sí
mismos, obviando la grandeza de aquellas almas que lloraban y ahora cantan, ayudando
a otras manos a quererse viviendo el presente que jamás tocaron, haciendo vida,
porque hacerla, es posible.
En serio, es tal la tenacidad que doy que transformo el odio
en jaqueca para convertirla en fortaleza, creo en un niño sonrisas de 30 años por
ver como lo alzan en alto o consigo que alguien de 30 vuelva a sonreír como un
niño, porque por miedo a no poder, ahora ha conseguido lo que sueña un crio. Doy
historias a todas esas personas que las disfrutan, como la de Leónidas y sus
300 un ejemplo claro de mi persona, como ese hombre que explica su corazón ante
un público para cambiar algo y borrar las heridas de vidas ajenas mediante la
experiencia. Yo soy quien soy y jamás cambiare, porque prefiero ser original y reventar
argumentos para que alguien intente ese 1% que no es posible, antes que
convertirme en mito. Yo soy ese niño que sigue yendo a clase a pesar de sufrir
bullying, ese suicida que pierde a su amada en un accidente o ese incidente que
produce que seas igual que tu padre después de que muriera, esa bailarina que
se rompe a pedazos tras entrenar 6 horas, ese rugido a la vida para probar si
te siguen escuchando, esa soledad que se convierte en espectacular después de
escuchar “no” durante años. Yo soy fuerza.