-¿te acuerdas?. Todas aquellas sonrisas dichas, esperando a que nuestra alma volará, algo así como la gota de agua que cambia de estado para convertirse en gas.
Todavía hoy recuerdo su cara, esos ojos, esas palabras maldecidas por el ayer, el era la estaca que se clavaba en el corazón, pero le dolía más a el que al propio órgano. Fueron segundos fatuos y fuego de instante, algo más allá, pero menos aquí.
- Claro que me acuerdo, aunque hace mucho, me supo a poco. Es tan diferente a la realidad, que mis espejos me quemaron y del deseo se hicieron las ganas y de las ganas el acto. No hubo muchas ellas, pero la felicidad, o si la felicidad, la sentí como si fuera lo último.
Menos aquí, pero ínfimo allí. Los dos cometieron el mayor error el cual se supone que no puede cometer nadie, el error de la vida y la suerte de la muerte. Los vi brindando por lo que llegaría, con sus copas llenas de lágrimas y desolación, pero bendecida por Felicidad. Las copas del final.
- Sinceramente si me pongo a racionalizar como ya no puedo, llego a la conclusión de que hicimos lo correcto. Porque dos almas, tienen que dejarse llevar por la corriente, porque no tienen que hacer caso lo que dice su corazón. Simplemente nos dejamos llevar pero nadie se preocupó de que si nos amabamos, hicieron caso omiso a todos los rugidos de ayuda y nosotros hicimos vida de sus mustios corazones.
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