Corre pero vete despacio, desaparece dejando rastro pero que te rastreen
los que nunca antes te habían olido. Obliga a tu corazón a sentir y a tu
laberinto a pensar.
El sabia como huir para ser capturado entre la libre oscura noche, entre la
cárcel de hormigón donde la luz producía un destello cada vez más intenso. Ya
no sabía lo que hacía, pero obviaba lo que significaba sus actos. Saltando las
caídas forjo un camino roto tras de él, pero cada vez iba mas lento con sus
pasos rápidos.
Llego a la esquina de la calle principal, desesperadamente apaciguado, pensó
que no debería de alcanzar su meta, pues que solo una cosa lo movía hacia su
objetivo al igual que muchos deseos de venganza y perdón, de muerte y vida.
El viento no le dio tregua. Se le cayó la capucha. Desenvaino su arma. Rugió.
Salto. Imagino. Pero en su caída no perdió de vista al objetivo como un halcón
no pierde de vista a un conejo, aun así se le nublo la vista por su sed, pero sabía
que aun así seguía siendo mortal.
Lo atravesó. Sus pies cayeron al suelo. Su capucha cubrió su cabeza. Una
mano sangrienta se despego de la empuñadura. Sangre cayó al suelo. Unas
rodillas dejaban huellas en tinta roja Dos rugidos pararon al viento. Un
corazón pensaba y una mente latía.
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