-¿qué tal?- preguntó entre aquellas hojas de acanto- ¿es lo que te imaginabas?
- Jamás me imagine esto, en serio, es sorprendente, estas cúpulas, estos arcos, esta sensación de ser otro.
-Jajaja- rió con una carcajada baja,aunque su voz retumbaba en la catedral- Eso mismo pensé cuando desperté aquí, como ya sabes, fue hace mucho.
-Si, ahora estoy despertando yo por fin-dijo asombrado mientras miraba los querubines de mármol en lo alto de aquella pared- pero nunca me has contado quien eres ahora.
Simplemente sonrió, miró la adversidad del ambiente y dijo:
-Jajaja- rió con una carcajada baja,aunque su voz retumbaba en la catedral- Eso mismo pensé cuando desperté aquí, como ya sabes, fue hace mucho.
-Si, ahora estoy despertando yo por fin-dijo asombrado mientras miraba los querubines de mármol en lo alto de aquella pared- pero nunca me has contado quien eres ahora.
Simplemente sonrió, miró la adversidad del ambiente y dijo:
Yo soy el que arroja la esperanza, el arcángel que nunca cayó del cielo, porque salí del escondite para hacer daño a aquellos inconscientes de antaño. Antaño porque ya no viven. No soy un asesino, ni una mariposa, soy algo así como un tigre de bengala, letal, más fuerte cuanto más me presionas y mas cariñoso cuanto mas de cercas me miras. Soy capaz de hacer maravillas, de jugar en el laberinto, de ser un creador de sueños y transformar mis laberintos allí. Paso normalmente el tiempo tranquilo caminando entre vertederos, mirando como otros ríen y se matan entre ellos. Pero cuando soy yo mismo, soy capaz de mirar a los ojos a la muerte, de mover montañas, de ser inmortal, aunque sé que esto último no lo soy, por eso cada vez mi rugido es más fuerte, para que alguien tenga la posibilidad de ver como se sale del fuego, para que el mínimo resquicio de alma despierte con cada rugido mío. Yo soy el que está destinado a morir por otros y en un completo sufrimiento, yo soy el inmortal.
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